• Redacción

MI OPINIÓN: EL ACERTIJO DEL MIO (I)  

Por José Renán Trujillo García

Ex-Senador De La República

Mucho me pregunto si detrás de la campaña, que desde diferentes esquinas observo analíticamente, se está lanzando para ir generando conciencia ciudadana anunciando que el MIO es un fracaso, ¿no se anidan oscuros intereses? No dudo en expresar que el MIO es hoy, la mayor amenaza socioeconómica que tiene Cali. Pero al escuchar voces que señalan su fracaso como una realidad y acuden a exigir que Cali entera, el Gobierno municipal y sus dirigentes debamos aceptarlo así, sin mayor análisis, lo que siento es un llamado a gritos para ahondar en el tema y tratar de descifrar el acertijo que lo rodea. Empiezo por decir que es indiscutible que ese sueño de ciudad fue concebido con la mayor seriedad y responsabilidad por el Gobierno Municipal de la época, al aportar el 30% de la inversión, acompañado por el Gobierno Nacional que lideró el proyecto aportando el 70% de los recursos necesarios para su implementación. En aquel momento no se ahorró esfuerzo alguno para adelantar estudios, desarrollar procesos de planificación, construcción y puesta en marcha que garantizaban su éxito, sin riesgo alguno, si se implementaban todas las acciones gubernamentales y se conservaban las condiciones diseñadas para el tipo de alianzas público-privadas que se tipificaron para las concesiones o tercerización de la operación y la contratación de servicios complementarios. Lo más importante era que se cumpliera a cabalidad con el modelo financiero que las regiría, el cual dio las factibilidades y cierres que terminaron explícitas en los contratos iniciales entre Metrocali y las empresas de operación logística, apoyo administrativo y de todo tipo con que arrancó operaciones este nuevo sistema de transporte público en el año 2005. El MÍO sería único en el mundo; un monopolio estatal que transportaría más del 90% de los pasajeros, lo que de hecho implicaba la desaparición inmediata del tradicional sistema de buses, llamado colectivo, que en ese momento atendía la demanda con más de una veintena de empresas, 4500 buses, busetas y microbuses que operaban en rutas planificadas y reguladas por el Gobierno Municipal. Pero a pesar de movilizar los pasajeros que así lo demandaban, se puede afirmar que este tradicional servicio, que también existía o existió en muchas otras ciudades, estaba muy lejos de ser el ideal o siquiera el adecuado. Era un sistema obsoleto pues creaba una situación verdaderamente dramática en cuanto hacía referencia a impactos en la movilidad, el medio ambiente, la seguridad vial, la calidad y operación técnica, entre otros.  Los diagnósticos arrojaron que al igual que en grandes metrópolis debía acabarse e implementarse el transporte masivo, que para Cali se definió con buses de grande, mediana y pequeña capacidad, eco amigables, los cuales se desplazarían por troncales, pretroncales y rutas complementarias, de barrio o sectores, diseñados por un sistema de circuitos que honraba el nombre del sistema como Masivo Integrado de Occidente. Sistema con alimentación escalonada de pasajeros, tanto de cargue como descargue, de menor a mayor y viceversa, integrados y con tiempos de trasbordos instantáneos, con una tarifa única, circulando por corredores exclusivos expeditos, construidos para el sistema sin barreras, como semáforos o pares. Minimizando los tiempos origen y destino, disminuyendo los costos para los usuarios, generando mayores tiempos de disfrute familiar, deportivo, recreativo y social, que lo daría una eficiencia garantizada por un sistema de movilidad inteligente. Tristemente, la promesa inicial de un sistema exitoso, modelo para el mundo, hoy tiene a cuestas más detractores y críticas que atenciones y políticas definidas para garantizar su fortalecimiento.

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